La era digital está transformando nuestras vidas en los países “desarrollados”. La tecnología nos permite agilizar numerosas tareas del día a día, contactar en cuestión de segundos con personas al otro lado del planeta, realizar pagos con el teléfono móvil…

A raíz de estos cambios en la manera de relacionarnos surge una nueva forma de acoso escolar, con importantes implicaciones distintas de los métodos tradicionales de acoso. Hablamos del ciberbullying, entendido como el daño intencional y repetido infligido por parte de un menor o grupo de menores hacia otro menor, a través del uso de medios digitales.

¿Qué dicen las estadísticas?

La dificultad existente para denunciar dificulta la elaboración de estadísticas que reflejen la realidad de este problema. Los estudios menos inquietantes sitúan las cifras aproximadas de víctimas reconocidas entre el 2-3% de la población infantil de 8 a 15 años. Otros estudios sitúan estas cifras en un 25%, es decir 1 de cada 4 casos de acoso escolar se produce mediante el uso de tecnología. En cuanto al género, se ha visto que, a diferencia del acoso tradicional, el ciberbullying afecta más a chicas que a chicos.

Un subtipo de ciberbullying es el conocido como grooming. Se trata del ciberacoso sexual, aquél que ejerce un adulto hacia un menor o un menor mayor hacia otro menor, siempre con finalidad sexual. Generalmente este tipo de acoso se produce de manera paulatina siguiendo la siguiente secuencia:

  1. Toma de contacto para ir creando una relación de amistad
  2. Consolidación de la confianza: se profundiza en información sobre el/la menor
  3. Amenaza/chantaje con la posibilidad de difundir públicamente las imágenes (sextorsión)

 

El ciberbullying en general y el ciberacoso sexual en particular constituyen fenómenos que causan un gran sufrimiento en las víctimas que lo padecen. Las consecuencias pueden llegar a ser muy graves, desde depresión y ansiedad hasta ideación autolítica, desconfianza en las relaciones, baja autoestima, bajo rendimiento académico…

Por ello, la prevención resulta de vital importancia, así como una buena actuación en caso de tener conocimiento de que se está produciendo. A modo de recomendación para los padres son interesantes las siguientes estrategias:

  • Trata de ser el mejor ejemplo para tus hijos/as
  • No demonices las nuevas tecnologías
  • Establece reglas y límites.
  • Elige contenidos apropiados para su edad
  • Preocúpate de conocer el entorno y la tecnología.
  • Ayúdale a pensar críticamente sobre lo que encuentran en línea.
  • Asegúrate de que se siente cómodo solicitando su ayuda.

Es fundamental facilitar la comunicación, de forma que la víctima pueda hablar de ello. Dar la espalda a cualquier tipo de acoso nunca debe de ser una opción.

Acoso escolar en la era digital

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