Todos/as hemos estado enfadados/as alguna vez, pero no siempre lo hemos sabido gestionar de forma adecuada.

En psicología al enfado lo llamamos ira, y forma parte del conjunto de emociones básicas que experimentamos como seres humanos. Así, la ira es una emoción que aparece cuando no se consigue un objetivo o no se cubre una necesidad. Como toda emoción, tiene una función, que en este caso es mostrar nuestra disconformidad o queja ante ello. Para ello, nuestro cuerpo se activa y se prepara para “atacar”, por eso sentimos calor y energía cuando nos enfadamos.

Ahora bien, existen muchas maneras de expresar nuestro desacuerdo, algunas más saludables y respetuosas que otras, tanto hacia nosotros/as mismos/as como hacia los/as demás.

¿Cómo podemos manejar el enfado?

  1. En primer lugar, debemos aprender a identificar esa emoción, pues en numerosas ocasiones no somos conscientes de que estamos experimentando ira. Pregúntate: ¿qué estoy sintiendo?
  2. Identifica qué es lo que te está provocando el enfado. ¿Cuál es el objetivo o necesidad que no estoy pudiendo satisfacer? Si no conocemos el origen de la ira difícilmente podremos gestionarla.
  3. Antes de actuar, párate un segundo a respirar. Centra tu atención en la respiración con el objetivo de relajarte y reducir la activación que nos produce esta emoción. A no ser que estemos ante un animal en una selva, no es necesario prepararnos de forma inminente para atacar.
  4. Observa la emoción con distancia con el objetivo de no dejarte atrapar por ella. Recuerda que las emociones son pasajeras, tal cual viene el enfado acabará por irse.
  5. Una vez ha bajado la activación, reflexiona en qué medida está justificado ese enfado y piensa en las distintas opciones que tienes delante. ¿Cómo quieres que sea tu respuesta? ¿Cuáles serán las consecuencias?
  6. Elige cómo quieres expresar tu desacuerdo. Una vez has valorado la situación con algo más de calma, tú tienes el poder de responder ante ella de la manera que consideres.

Como decimos, manejar el enfado no siempre es fácil. Requiere de práctica y entrenamiento. Acostumbramos a responder con el piloto automático y las consecuencias pueden llegar a ser muy dañinas, por lo que es importante aprender a canalizar la ira de la manera más saludable posible.

Hacernos cargo del enfado

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